jueves 6 de agosto de 2026 - Edición Nº2801

Legislatura | 6 ago

Por Marcelo Leguizamón Brown

Luján, el lugar donde la Argentina puede volver a encontrarse


Por: Marcelo Leguizamón Brown

Hay lugares que pertenecen a la geografía de un país y otros que pertenecen a su alma. Luján forma parte de estos últimos. Allí llegan, desde hace generaciones, millones de argentinos con historias muy distintas, pero con una misma necesidad: encontrar consuelo, agradecer, pedir fuerzas o simplemente hacer silencio.

Cada vez que peregrino hacia la Basílica descubro la misma escena. Personas que probablemente nunca se cruzarían en otro ámbito caminan juntas, comparten un mate, una conversación o una oración. Frente a la Virgen desaparecen las diferencias sociales, las responsabilidades, los cargos y hasta las discusiones cotidianas. Queda solamente lo esencial: la condición de hijos de un mismo pueblo.

Por eso la decisión de Su Santidad León XIV de visitar Luján trasciende el plano religioso. Es un gesto que interpela a toda la Argentina.

Vivimos una época marcada por la confrontación permanente. Con demasiada facilidad nos acostumbramos a discutir antes que a escuchar, a responder antes que a comprender y a buscar responsables antes que soluciones. Esa dinámica no distingue sectores ni pertenencias; atraviesa buena parte de nuestra vida pública y termina debilitando la confianza de los ciudadanos.

Sería un error esperar que el Papa llegue para resolver aquello que nos corresponde resolver a nosotros. Ninguna visita, por trascendente que sea, reemplaza el compromiso cotidiano de quienes tenemos responsabilidades públicas. Pero sí puede ayudarnos a recuperar una convicción que parece haberse debilitado: que el diálogo nunca es una muestra de debilidad y que el bien común siempre debe estar por encima de cualquier interés circunstancial.

Quizás ese sea uno de los mayores desafíos de nuestra dirigencia. Comprender que la sociedad espera menos gestos para las cámaras y más hechos concretos; menos discursos encendidos y más capacidad para transformar la realidad. Al final del día, las personas juzgan a sus representantes por aquello que hacen mucho más que por aquello que dicen.

Ojalá quienes tenemos alguna responsabilidad institucional sepamos vivir esta visita con la humildad que merece. Sin apropiaciones, sin especulaciones y sin intentar convertir un acontecimiento espiritual en una oportunidad política. León XIV no viene a favorecer a un sector ni a otro. Viene a rezar con un pueblo que, más allá de sus diferencias, comparte una misma historia y una misma esperanza.

Hay una imagen que me conmueve especialmente: imaginar al Santo Padre frente a la Virgen de Luján mientras millones de argentinos, desde cada rincón del país, acompañan esa oración. Durante unos instantes dejarán de importar las discusiones que ocupan los titulares, las divisiones partidarias o las diferencias ideológicas. Permanecerá solamente aquello que nos une como Nación.

Tal vez allí resida el verdadero valor de esta visita. Recordarnos que antes de cualquier identidad política existe una comunidad que necesita reencontrarse consigo misma. Que antes de ser oficialistas u opositores somos argentinos llamados a construir un destino compartido.

Como católico, espero ese momento con profunda emoción. Como argentino, deseo que sepamos leer el mensaje que trae consigo. Y como dirigente político, aspiro a que esta visita nos invite a ejercer el liderazgo desde el servicio, la cercanía y la coherencia, entendiendo que las transformaciones duraderas nacen del trabajo cotidiano y de los hechos, mucho más que de las palabras.

Cuando León XIV llegue a Luján no solo estará visitando uno de los santuarios marianos más importantes del mundo. Estará entrando en un lugar donde la Argentina, desde hace casi cuatro siglos, vuelve una y otra vez para recuperar esperanza. Dependerá de nosotros que ese paso por nuestra tierra sea apenas un hecho histórico o el impulso para construir una convivencia más respetuosa, más solidaria y más unida.

 

 

Más Noticias