El intendente de Morón, Lucas Ghi, intentó armar un plenario masivo del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) local para exhibir fortaleza política y frenar las crecientes críticas a su conducción. Sin embargo, el tiro le salió por la culata. La convocatoria apenas logró tentar a unos 400 militantes, en su gran mayoría funcionarios y empleados de una plantilla municipal que supera las 9.000 personas.
Pese a la evidente postal de vacíos, los equipos de comunicación —conducidos con mano de hierro por la jefa de Gabinete, Estephanie Franco— salieron a difundir que al predio habían concurrido un millar y medio de "luquistas". La maniobra duró poco: el número quedó al desnudo tras la filtración de las planillas de acreditación y las propias fotos aéreas difundidas por la conducción del MDF Morón durante los momentos de mayor concentración.
En un distrito fuertemente convulsionado por las internas del Gabinete, las facturas por la escasa concurrencia empezaron a circular desde temprano. Mientras Ghi intentaba simular entusiasmo y épica en el escenario, en los pasillos la tensión era evidente. La propia jefa de Gabinete se jactaba de haber "arriado" a casi la totalidad de los empleados de las áreas bajo su órbita, sin importar si eran o no simpatizantes del jefe comunal.
Por su parte, el presidente del PJ local Claudio Román buscaba esquivar las miradas inquisidoras. La matemática no lo favorecía: hace apenas cinco meses, en la interna peronista, cosechó 1.446 votos de afiliados, cuatro veces más que la masa presente en el plenario.
El perímetro del campo de Luz y Fuerza lucía colmado de banderas de diversas agrupaciones peronistas que integran el esquema oficialista —como Descamisados, Lealtad, Movimiento Evita, Gelbrad, Creo y La Vertiente, entre otras—. Sin embargo, ninguna de ellas aportó un colectivo con militantes de base.
“Nadie aportó más de 10 o 15 compañeros, y ninguno tiene nombrados a menos de 30 dentro del Municipio”, se quejó con crudeza un familiar directo del intendente que cumple funciones en el histórico edificio blanco de la calle Brown.
En paralelo, varios funcionarios de la primera línea municipal —empezando por la propia Franco— ya se prueban el traje de candidatos para la sucesión. No obstante, en la práctica ninguno realiza méritos suficientes para levantar la imagen de una gestión visiblemente deteriorada. Ghi, por su parte, aún mantiene la esperanza de que en la Legislatura provincial se destrabe la aprobación de la reelección indefinida de intendentes.
Por el momento, su adscripción al MDF es el único puente formal que lo vincula con la estructura del gobernador Axel Kicillof, donde en los despachos de La Plata admiten por bajo cuerda que Morón se ha convertido en un territorio atravesado por el caos y la falta de conducción.
Lo más preocupante para el oficialismo moronense es el tramo de transición que resta hasta los comicios. A Ghi le queda un año para intentar dar vuelta el rumbo de un gobierno que no ha logrado mostrar resultados en los últimos seis años. El marco económico tampoco ayuda: la recaudación municipal registra una fuerte caída, la inversión pública nacional es nula, el aporte provincial es escaso y el déficit rojo del municipio crece mes a mes.
Para coronar la complicada coyuntura, sus rivales internos ya movieron sus fichas:
Martín Sabbatella: Su exjefe político lanzó formalmente la campaña para retornar al sillón municipal y se muestra muy satisfecho con la recepción que tiene su postulación en las recorridas territoriales.
Martín Marinucci: Desde el Frente Renovador, el actual ministro de Transporte bonaerense también alista la tropa con intenciones firmes de competir por el control del sillón de Laferrere.
Entre internas feroces, recursos escasos y una militancia que no responde, el intendente de Morón enfrenta el tramo más decisivo de su gestión con el tablero político sumamente convulsionado.