Harispe: “La movilización social garantiza el rumbo”

Cuando empezó esta etapa, que se inaugura con Néstor allá en el 2003, el centro éramos los movimientos sociales. Había en ese momento un millón de desocupados, de movilizados, de gente estructurada en organizaciones piqueteras y sociales que, en el marco del frente de organizaciones populares nos agrupamos en el kirchnerismo, y en ese momento decidimos abandonar salir de las rutas para garantizar la gobernabilidad y favorecer el proceso de reconstrucción de la Argentina que empujaba Néstor Kirchner. Decíamos en ese momento: “De la lucha social a la organización política”.
En este momento estamos en una situación distinta, donde el fortalecimiento de las organizaciones gremiales y – sobre todo- la aparición de organizaciones de otro tipo, sobre todo las juveniles como La Cámpora y la revitalización de las agrupaciones peronistas, han consolidado una centralidad en el proceso actual de las agrupaciones políticas. Hoy la centralidad está dada en un sujeto social generacional, la juventud, que debe ser complementada por la fortaleza y la argamasa que le da el movimiento obrero organizado, y sobre todo los desplazados de la etapa neoliberal y los sectores populares que todavía no han podido alcanzar el nivel de vida que se merecen y para lo que estamos comprometidos históricamente todos los que militamos este proyecto nacional.
La militancia tiene un rol, siempre tiene un rol. El debate sobre políticas públicas es central. No hemos tenido quizás los espacios o la capacidad de poner en marcha un fuerte proceso de debate de abajo hacia arriba sobre el quehacer del gobierno. La solidaridad debe ser siempre lo que nos movilice a estar en acciones concretas con los más humildes. Nuestra inserción siempre debe ser ahí, principalmente. Nuestras fuerzas deben ser humildes y de trabajadores principalmente, porque ahí está la garantía de no equivocar el rumbo.
Este proceso desde el origen tuvo pocos votos y tuvo que remontarse, y además poca organización popular que también se tuvo que ir remontando, todavía no alcanzamos el nivel de organización popular deseable, necesario. La oposición oligárquica quiere poner la calle en disputa. Nosotros tenemos que terminar de convertir el proceso en un proceso inverso: de abajo hacia arriba, desde el poder popular. Para eso hay que ganar las próximas elecciones y en el marco de una reconfiguración del bloque hegemónico actual, el nuestro – el bloque de la hegemonía política, no económica- en el marco de esa reconfiguración, nosotros tenemos que ayudar al fortalecimiento de un proceso horizontal, participativo, democrático, de base.
Cristina no va a ser Presidenta, por lo que habrá lucha social y política por continuar con el proceso de industrialización y distribución de la riqueza. Necesitamos mejores estructuras de cuadros con más y mejores militantes formados e insertos garantizando la continuidad y profundización. Estos procesos son como la bicicleta: hay que mantener o aumentar la velocidad para no caerse; y aquí tengo la sensación de que tenemos que aumentar la velocidad. La tarea de los militantes es trabajar por la unidad y el debate de ideas. Ya no hay sólo movimientos sociales y agrupaciones peronistas del PJ por otro lado. O Peronistas y radicales. Cuando se partió entre “Ellos” y “Nosotros” la política, o sea entre “Corporaciones” y “Proyecto Nacional”, muchos peronistas quedaron del lado de las corporaciones. De este lado quedó el PJ, la mayoría de los intendentes, la mayoría de los gremios, las organizaciones sociales, las agrupaciones juveniles. La política es lo único que va a mantener unido todo eso para garantizar la unidad, pero la movilización popular va a garantizar el rumbo. O sea que la política es la unidad del pueblo y la movilización social garantiza el rumbo. Si Scioli, Macri, Randazzo, Massa o Binner son gobierno y quieren cambiar el rumbo, nosotros tenemos que gobernar los territorios con la militancia barrial, los intendentes, los sindicatos y hasta algunos gobernadores. Si quieren aplicar políticas liberales, tienen que tener ingobernable el territorio.
La necesidad de movilizar es permanente. Nosotros en este proceso tenemos desde hace unos años cuatro o cinco fechas que son vitales: principios de diciembre, el 1º de marzo que es la apertura de las legislativas, el 24 de marzo, el 25 de mayo, el 17 de octubre, el 27 de octubre; siempre tenemos algunas fechas en las que nos hemos ido expresando. Es en esas movilizaciones que tenemos la presencia permanente en la calle. Creo que ahora, este 1º de marzo, se da una situación que puede ser tomada como una contramarcha, pero fundamentalmente tiene que ser tomada como la gran movilización – que hemos hecho todos los años- de las organizaciones populares. Que en este momento lo necesitamos más que nunca, es verdad.
Respecto de los sectores conservadores y liberales, creo que han demostrado en todo este período capacidad de movilización en los cascos urbanos de sectores medios, desde Blumberg hasta la actualidad. Han exhibido fuerza en la Capital; como en Venzuela, en Caracas, donde los sectores de la derecha tienen fuerza. En esta última movilización del 18F, se advierte lo que pasó en otras: la restauración de un sector antiperonista de la Capital Federal, que hubiera estado en la marcha del Corpus Christi o moviendo las banderitas en los golpes militares del 55, del 73 – más allá de que hubiera alguno perdido que fue a solidarizarse por Nisman – pero mayoritariamente, hay que ser sinceros, es un sector contrario al peronismo en general y ahora al kirchnerismo, focalizado en los centros urbanos de más alto consumo.
No creo que volvamos al 2001, que volvamos a los 90 crudamente. Puede ser quizás una expresión de deseo, aunque objetivamente no veo condiciones y aunque sepamos históricamente que las condiciones también se construyen, y la oposición también puede hacerlo, entonces puede suceder cualquier cosa y hay que preparar la defensa del proceso.
Yo creo que el rol de la militancia, desde el llano y desde el gobierno es construir una decisión popular para hacerse cargo de la demanda social. Por supuesto que es más fácil tirar piedras desde afuera del gobierno, pero hay más maneras de resolver los problemas de los humildes desde adentro, sobre todo nuestro gobierno que va a cambiar porque Cristina no va a gobernar el próximo período. Desde lo que vendrá, no viene más popular, más de izquierda, ni más progresista, ni más peronista, sino que lo que viene es menos popular, más liberal. Entonces en ese escenario posible, el rol va a ser estar defendiendo lo conquistado y eso se puede hacer desde los espacios institucionalizados que hayan quedado de este lado y desde la calle fundamentalmente.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *